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    ¿Cómo carajos valuar tu jersey?

    ¿Cómo carajos valuar tu jersey?

    Ayer nos llegó una pieza que me dejó pensando un buen rato.

    Un jersey preparado para juego de la Selección Uruguaya, utilizado entre 1992 y 1994, con el dorsal 18. Un número que, durante la Copa América de 1993 —sí, esa en la que México llegó a la final y terminó subcampeón contra Argentina— le correspondería a Jorge “Polilla” Da Silva, internacional uruguayo con carrera en España, Argentina, Colombia y, por supuesto, Uruguay.

    Una camiseta con más de 30 años de vida, en condiciones espectaculares, y fabricada por una de las marcas más icónicas de la época: Ennerre.

    Ennerre fue la marca italiana fundada por Nicola Raccuglia, y vistió a equipos y jugadores que hoy son parte de la mitología del fútbol: el Napoli de Maradona, la Fiorentina de Baggio, la Roma de Völler, entre muchos otros.

    En pocas palabras: una pieza extraordinaria en todos los sentidos.

    Y ahí empieza el problema.

    Porque cuando tienes enfrente algo así, la pregunta no es solamente cuánto cuesta.

    La verdadera pregunta es:

    ¿Cómo le pones precio a un pedazo de historia?

    Para empezar, el coleccionismo no nació ayer.

    El mundo del coleccionismo de jerseys —si es que todavía podemos llamarle simplemente “coleccionismo”— está viviendo uno de los momentos más populares, interesantes y caóticos en la historia de la compra y venta de camisetas de fútbol.

    En efecto, coleccionistas de camisetas han existido desde hace décadas.

    Leyendo el prólogo del libro 1000 camisetas de fútbol, en su edición de 2013, Louis Nicollin —DEP— cuenta que empezó su colección en 1981 y señala que, para 2012 ya tenía más de 3,000 camisetas.

    Esto viene de mucho antes.

    Pero entonces, ¿qué pasó en estos más de 40 años?

    El fútbol se volvió cultura, moda y mercado

    El fútbol creció de una manera brutal.

    Creció en audiencia, en alcance, en dinero, en medios, en identidad y en presencia cultural. Y conforme creció el deporte, también creció su mercantilización.

    Los patrocinios en las camisetas, por ejemplo, no empezaron a verse de forma común sino hasta mediados de los años setenta. Hoy, en cambio, un jersey puede tener patrocinador principal, manga, espalda, parche de liga, parche de torneo, versión fan, versión jugador, edición especial, colaboración con diseñador con todo y storytelling de lanzamiento. 

    La realidad es que el fútbol vive en constante cambio, de eso no hay duda.

    Ahora también es estética, nostalgia, moda, pertenencia, consumo y memoria.

    Y algo muy parecido pasó con el mundo de los jerseys vintage.

    En muy poco tiempo se juntaron varios factores que cambiaron el mercado por completo. A continuación señalo algunos factores que más llaman la atención.

    1. La nostalgia se volvió una forma de identidad.

    Las nuevas generaciones hemos crecido bombardeadas con lo vintage.

    Con los noventas, con los dosmiles, con las camisetas enormes, los cuellos raros, los diseños arriesgados, los patrocinadores que ya no existen y los jugadores que vimos en YouTube porque quizá nunca vimos en vivo.

    Hay algo muy poderoso en usar una camiseta que pertenece a otra época.

    No es solamente sentir la historia a través de los materiales que se utilizaban en otra época, no, es trasladarte en un viaje del tiempo a través de una pieza que te habla no solo de un equipo, te dice mucho al respecto del contexto histórico de la misma.

    Es la sensación de que estás reviviendo un fútbol que ya no existe.

    Un fútbol menos perfecto, menos “clippeado”, menos “algorítmico”, sobre todo más lento.  Un fútbol que, aunque probablemente también estaba lleno de negocio, hoy sentimos más romántico.

    2. La búsqueda de pertenencia.

    Vivimos en una época donde tenemos acceso a prácticamente toda la información del mundo, pero aun así, muchas veces encontrar un lugar propio se siente más difícil que nunca.

    Y ahí el deporte entra como refugio.

    Un escudo, unos colores, una ciudad, una selección, un canto, un jugador que te marcó de niño.

    El fútbol nos da identidad.

    Y los jerseys son probablemente una de las formas más tangibles de cargar esa identidad en el cuerpo.

    Por eso una camiseta no vale lo mismo para todos.

    Para alguien puede ser una playera vieja.

    Para otro puede ser su infancia.

    Para otro, su papá.

    Para otro, el primer Mundial que recuerda.

    Para otro, la temporada en la que se enamoró del fútbol.

    3. El fútbol se volvió visualmente más atractivo

    Otra cosa que cambió muchísimo es la forma en la que el fútbol se comunica.

    Hoy todo tiene diseño.

    La alineación, el marcador, el anuncio de un fichaje, el túnel del estadio, las fotos de entrenamiento, los uniformes de viaje, los lanzamientos, las colaboraciones, los videos, las campañas.

    Hace 10 o 15 años, muchos clubes todavía comunicaban como si estuvieran mandando un PDF por correo.

    Hoy el usuario exige belleza en todo.

    Y eso también ha hecho que la camiseta de fútbol se vea distinto.

    Ya no es solamente “la playera del equipo”.

    También puede ser una pieza de moda, una referencia cultural, un objeto de diseño o un artículo de colección.

    “Ya, histórico, pero dime cuánto vale mi jersey”

    Va.

    La respuesta corta, aunque suene frustrante, pero muy ad hoc con mis estudios de licenciatura,  es: depende.

    Porque a diferencia de una camiseta de temporada actual, donde los precios suelen estar estandarizados, el mercado vintage es mucho más irregular.

    Nike, Adidas, Umbro, todas saben cuánto cuesta producir, distribuir y vender una camiseta nueva. Sabe cuánto cobrar por una versión fan, por una versión jugador, por una edición especial o por un jersey de Mundial.

    A nadie le sorprende ver una versión fan en 100 dólares o una versión jugador en 180.

    Pero cuando hablamos de una pieza vintage, retro, preparada para juego, usada en partido o simplemente difícil de conseguir, entran muchos más factores.

    Y ahí empieza lo interesante.

    Factores para valuar un jersey

    1. Qué pieza estás vendiendo

    Este es el punto más importante.

    No es lo mismo vender una camiseta del LA Galaxy de David Beckham 2007 que vender una del Manchester United 1998/99 de David Beckham.

    ¿Por qué?

    Porque cambia todo: el equipo, el contexto, la temporada, lo que se ganó, la demanda, la historia detrás de la camiseta y el peso cultural de esa pieza.

    De aquí se desprenden varias preguntas:

    ¿Qué tan popular es el equipo?
    No es lo mismo vender Real Madrid, Manchester United, Chivas, Boca, Milan o Barcelona, que vender un equipo con menor demanda global.

    ¿Qué tan importante es el jugador?
    Un dorsal de Maradona, Messi, Cristiano, Ronaldinho, Beckham, Baggio o Rafa Márquez cambia completamente el valor de una camiseta.

    ¿Qué pasó en esa temporada?
    No vale igual una camiseta de una temporada cualquiera que una camiseta de campeonato, Mundial, Champions, descenso, despedida, debut o momento histórico.

    ¿Qué tan difícil es conseguir esa pieza?
    Hay camisetas bonitas, pero comunes. Y hay camisetas que quizá ves una vez cada varios años.

    ¿Qué tan antigua es?
    La edad importa, pero no por sí sola. Una camiseta vieja no necesariamente es valiosa. Lo valioso es que sea antigua, deseada, relevante y que se encuentre en buenas condiciones.

    2. La condición de la camiseta

    Aquí no hay romanticismo que aguante si la pieza está destruida.

    Una camiseta puede ser rarísima, pero si tiene sponsors rotos, manchas imposibles, jalones, hoyos, mal olor, números cuarteados o cuello vencido, su valor baja.

    La condición importa muchísimo.

    En términos simples:

    • Una pieza nueva con etiquetas vale más.

    • Una pieza en excelente estado vale mucho.

    • Una pieza usada, pero bien conservada, puede seguir siendo muy deseada.

    • Una pieza dañada necesita un comprador muy específico.

    3. El canal de venta.

    No es lo mismo vender en un tianguis, en Facebook Marketplace, en eBay, en Instagram, en una tienda física, en una casa de subastas o en una marca especializada.

    Cada canal tiene públicos, costos y niveles de confianza distintos.

    Una pieza puede venderse más cara cuando está bien presentada, bien fotografiada, bien explicada y respaldada por alguien que sabe lo que está vendiendo.

    Porque el comprador no solo paga por la camiseta.

    También paga por la confianza.

    4. Dónde la vendes.

    El contexto geográfico importa.

    No es lo mismo vender una camiseta de Chivas en Guadalajara, México, que en Guadalajara, España.

    No es lo mismo vender una camiseta de Uruguay en Montevideo que en Monterrey.

    No es lo mismo vender una camiseta del Napoli en Nápoles que en una ciudad donde nadie ubica a Ennerre.

    La demanda cambia según el lugar.

    Y con la demanda, cambia el precio.

    5. A quién se la estás vendiendo.

    Este punto es de los más reales.

    No es lo mismo venderle a alguien que quiere la camiseta para su colección personal que venderle a alguien que buscará revenderla pues cuenta con clientela dispuesta a pagar cierto precio por ella.

    Si una persona te compra en 10 para intentar vender en 15, su lógica será distinta a la de un coleccionista dispuesto a pagar 15 porque esa pieza completa su colección.

    Ambos compradores existen.

    Pero no tienen la misma intención, ni el mismo presupuesto, ni el mismo nivel emocional de conexión con la camiseta.

    Por eso muchas veces el precio correcto no está solamente en la pieza.

    Está en encontrar al comprador correcto.

    Entonces, ¿cuánto vale un jersey?

    Vale lo que el mercado esté dispuesto a pagar, sí.

    Pero esa frase se queda corta.

    Un jersey vale por su historia, su rareza, su estado, su procedencia, su demanda, su contexto, su canal de venta y la emoción que despierta en la persona correcta.

    Por eso valuar una camiseta vintage no es como ponerle precio a una prenda cualquiera.

    Es más parecido a valuar un objeto cultural.

    Un pedazo de memoria.

    Una prueba física de que algo pasó.

    Y quizá por eso nos gusta tanto este mundo.

    Porque al final, detrás de cada jersey, hay una pregunta que siempre vuelve:

    ¿Cuánto vale tener en las manos un pedazo del fútbol que ya no existe?


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